Mandela no estaba solo


Nelson Mandela no estuvo solo en su lucha contra el apartheid y por la igualdad en Sudáfrica. Numerosas personas, muchas de ellas anónimas, acompañaron a Madiba en el largo camino hacia la libertad y un puñado de ellas fueron sus amigos personales, estrechos colaboradores y piezas imprescindibles de este combate. Este es el breve retrato de seis de las personas más destacadas y que compartieron con Madiba tanto momentos de éxitos como situaciones difíciles. De Oliver Tambo, amigo de la Universidad y compañero del CNA, a Frederik de Klerk, quien lo sacó de la cárcel y con quien compartió Premio Nobel de la Paz. 

Oliver Tambo
En 1939, tras cursar sus estudios básicos, un joven Nelson Mandela de solo 21 años llegaba a la ciudad de Alice para matricularse en el Colegio Universitario de Fort Hare, una institución académica reservada a estudiantes no blancos, donde iba a continuar sus estudios. Fue allí donde conoció a quien se convertiría en uno de sus grandes amigos y compañero de tantas luchas, el incombustible y combativo Oliver Reginald Tambo, nacido el 27 de octubre de 1917, solo unos meses antes que Mandela.

La conexión entre ambos fue rápida, pues les unía el mismo sentido de la Justicia. De hecho, en 1940, al final de su primer año escolar, ambos fueron expulsados por participar en una huelga. Sin embargo, volvieron a coincidir en la ciudad de Johannesburgo, a donde Mandela se había trasladado para terminar sus estudios universitarios y donde Tambo había retomado también su formación. Ya desde esa época iniciaron los contactos con el Congreso Nacional Africano y fueron miembros fundadores, junto a Walter Sisulu, de la Liga Juvenil de este movimiento en 1944, de la que Tambo fue su primer secretario general hasta que le sucedió en el cargo el propio Mandela en 1948.

En paralelo a su actividad política, los dos amigos abrieron en 1952 en Johanesburgo el primer bufete de abogados negros del país, actividad que les llevaría a tener muchos problemas con las autoridades del Apartheid. Mientras comenzaban a enfrentarse a sus primeros incidentes serios con la Justicia, Mandela y Tambo iban adquiriendo mayores responsabilidades dentro del CNA. En 1955, Tambo se convertía en secretario general del movimiento y tres años después en su vicepresidente. Perseguido y acosado por el Gobierno sudafricano, se marchó al extranjero para extender la llama de su lucha en otros países, instalándose al norte de Londres con su familia.

Sin embargo, su intensa actividad no decayó ni un ápice. En 1967, ya con Mandela en prisión y tras la muerte del histórico líder del CNA, Albert Lutuli, Oliver Tambo se convirtió en presidente de facto del Congreso Nacional Africano y ocupó este cargo hasta 1991. En este periodo, Tambo ejerció un papel clave en la internacionalización de la lucha contra el régimen sudafricano y por la liberación de Mandela. Treinta años después de su salida del país, en 1990, el Congreso Nacional Africano era legalizado, Mandela salía de prisión y Tambo regresaba por fin a Sudáfrica con todos los honores. Desgraciadamente, ya estaba enfermo y no pudo ver con sus propios ojos el nombramiento de su amigo como presidente del país, pues el 24 de abril de 1993 fallecía víctima de un derrame cerebral.

Walter Sisulu
Walter Max Ulyate Sisulu, hijo de una trabajadora doméstica Xhosa y de un blanco, nació el 18 de mayo de 1912. Con tan solo 14 años abandonó la escuela de misioneros y a los 16 se fue a la gran ciudad, Johannesburgo, donde se tuvo que buscar la vida haciendo pequeños trabajos hasta que, pasado el tiempo, logró colocarse como agente inmobiliario.

En 1940 ingresó en el Congreso Nacional Africano, donde poco después conocería a un joven recién llegado a la ciudad, Nelson Mandela. Desde el primer momento hicieron buenas migas. No en vano, Sisulu fue quien logró meter a Mandela en su primer bufete de abogados, algo muy difícil para un negro en aquellos años. Además, le presentó a la que luego sería su primera mujer, Evelyn Mase, a la sazón prima de Sisulu. Aunque sólo tenía seis años más que él, se puede decir que lo tomó bajo su protección durante aquellos primeros tiempos en la dura ciudad de Johannesburgo.

Las ideas también les unían. Sisulu formó parte, junto a Tambo, Mandela y otros, de los fundadores de la Liga Juvenil del CNA en 1944, que representaba una ruptura con la manera de actuar de este movimiento hasta ahora, más rupturista con las autoridades, más reivindicativo, más radical. El triunfo de estos planteamientos se plasmó con el ascenso de Sisulu a la secretaría general del CNA en 1949, cargo en el que se mantuvo hasta 1955.

Al igual que Mandela, durante los años 50 fue perseguido por su activa militancia y su participación en la Campaña del Desafío contra el Apartheid, lo que le llevó hasta en diez ocasiones a dar con sus huesos en la cárcel. Finalmente, fue condenado a perpetuidad junto con Mandela en el proceso de Rivonia y pasó con él un largo cautiverio de 25 años, muchos de ellos en Robben Island, hasta que a finales de 1989 fue liberado, pocos meses antes que el propio Mandela.

Entre 1991 y 1994 ocupó el cargo de presidente de honor del Congreso Nacional Africano. Murió en 2003, a punto de cumplir los 91 años. Hay que destacar que Walter Sisulu se casó en 1944 con Albertina Sisulu, también una de las figuras más destacadas de la lucha contra la segregación racial e importante líder, al igual que su marido, del CNA. El padrino de esta boda no fue otro que el propio Nelson Mandela.

Govan Mbeki
Nacido el 9 de julio de 1910 en la región de Transkei, Govan Archibald Mvuyelwa Mbeki, al igual que Oliver Tambo y Nelson Mandela, también conoció las aulas del Colegio Universitario Fort Hare, desde donde, en 1929, se trasladó a Johannesburgo para terminar sus estudios universitarios de Psicología y Ciencias Políticas. Sin embargo, desde muy pronto Govan Mbeki se inclinó por la literatura y el periodismo.

En su región natal de Transkei llevó a cabo una inmensa labor política y de divulgación, siempre bajo la óptica de la lucha por los derechos de los campesinos y los trabajadores. Puso su pluma comprometida al servicio de la causa por los más desfavorecidos, lo que llevó, en 1954, a entrar en el consejo de redacción del periódico New Age, el único periódico de tirada nacional que defendía la causa de los negros. Desde esta atalaya, Govan Mbeki jugó un papel clave revelando las duras condiciones de vida de los negros sudafricanos.

En noviembre de 1962, el régimen del apartheid prohibió New Age y Mbeki se pasó a la lucha clandestina. Para ese entonces, ya había escrito un libro sobre las revueltas de los campesinos sudafricanos, una obra que empezó en rollos de papel higiénico mientras se encontraba encarcelado, y ya formaba parte del Congreso Nacional Africano y del Partido Comunista de Sudáfrica. Fue detenido junto a Mandela, Sisulu y otros, procesado en el famoso juicio de Rivonia de 1963-1964 y condenado también a cadena perpetua.

En la prisión de Robben Island fue uno de los grandes apoyos de Nelson Mandela. En total permaneció preso durante 24 años hasta que en 1987 fue liberado. Con la llegada de la democracia y el fin del apartheid, se convirtió en presidente del Senado entre 1994 y 1999. Goban Mbeki, cuyo hijo Thabo se convertiría en sucesor de Mandela en la Presidencia de Sudáfrica, falleció el 30 de agosto de 2001 después de haber dejado para la posteridad otras dos obras, La lucha por la liberación en Sudáfrica (1992) y Sunset at Midday (1996).

Harry Schwarz
Harry Heinz Schwarz nació en Colonia (Alemania) en 1924. De origen judío, con solo diez años se vio obligado a abandonar su país natal el mismo día en que los nazis llegaron al poder. Su padre, miembro del Partido Social Demócrata, no lo dudó un instante y se fue con su familia hasta Sudáfrica para empezar una nueva vida. Sin embargo, el niño Harry tuvo que lidiar con la pobreza y la discriminación, lo que marcó para siempre su pensamiento y su actividad política como firme luchador contra el apartheid.

En 1943 se enroló voluntariamente en el Ejército para combatir al nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a participar en misiones de combate como aviador. Tras el conflicto pudo asistir, gracias a una beca del gobierno, a la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, donde coincidió por primera vez con varios activistas del Congreso Nacional Africano, entre ellos el joven Nelson Mandela que cursaba sus estudios de Derecho, los mismos que Harry Schwarz.

No fue extraño que en 1963, cuando Mandela y otros fueron detenidos y llevados ante el juez en el proceso de Rivonia, Schwarz figurara en la nómina de abogados, en principio como defensor de Jimmy Kantor, íntimo amigo suyo y a la vez defensor del propio Mandela. Una vez que Kantor resultó absuelto en este proceso, Schwarz se negó a cobrar por ello. Estaba allí por convicción, tal y como se probó en las numerosas ocasiones que intentó visitar a su amigo Nelson Mandela en Robben Island, visitas que le fueron denegadas hasta que en 1988 se le concedió el permiso para verle una vez Madiba fue trasladado a la prisión Víctor Verster.

Durante todos los años que Mandela permaneció en prisión, Harry Schwarz desarrolló una intensa carrera política siempre luchando contra el apartheid y en defensa de los derechos de los negros y los Derechos Humanos. No en vano, se le considera uno de los padres morales de la nueva Sudáfrica, pues nunca cejó en su empeño desde la tribuna en que se encontrara. Tras la liberación de Mandela y el advenimiento de un nuevo país, Schwarz, que también mantuvo siempre fuertes vínculos con la comunidad judía en Sudáfrica, fue nombrado embajador en Estados Unidos. Falleció el 5 de febrero de 2010. Nelson Mandela dijo de él que era el “defensor de los pobres”.

Desmond Tutu
“Unas veces estridente, otras tierno, nunca asustado y en raras ocasiones sin sentido del humor, la voz de Desmond Tutu será siempre la voz de los sin voz”. Así describió Nelson Mandela en una ocasión a su buen amigo el arzobispo de Ciudad del Cabo, el hombre que nunca se arrugó a la hora de denunciar un abuso o una injusticia, ni antes ni después, unido por siempre a Madiba en una relación no solo de íntima amistad sino también de respeto.

Desmond Mpilo Tutu nació el 7 de octubre de 1931 en la región de Transvaal, aunque vivió en Johannesburgo desde que tenía doce años. Fue allí donde en 1960 completó sus estudios de Teología y se ordenó sacerdote en la Iglesia Anglicana. Tras una breve estancia en Londres, regresó a Sudáfrica en 1967, donde se empeñó en denunciar la injusta realidad de su país. Curiosamente, en ese entonces era el capellán del Colegio Universitario Fort Hare, por donde pasaron Mandela, Tambo y Mbeki. “Sudáfrica es un barril de pólvora que puede estallar en cualquier momento”, llegó a decir Tutu al primer ministro afrikáner Vorster en una carta que nunca fue respondida.

Tras otra estancia de cinco años en Londres, Desmond Tutu vuelve a Sudáfrica en 1975, ya para quedarse. Su regreso coincide con los disturbios de Soweto, reprimidos con gran violencia, tras los cuales Tutu se posiciona claramente a favor de las sanciones y el boicot económico contra el régimen sudafricano. En su posición de obispo de Lesotho primero y secretario general del Consejo Sudafricano de Iglesias después, Desmond Tutu se convirtió en la voz interior contra el apartheid, al que comparó sin reparos con el nazismo, abogando siempre por la reconciliación. Aunque se le retiró el pasaporte en dos ocasiones y llegó a estar encarcelado en una ocasión, su posición al frente de la Iglesia, su firme defensa de la no violencia y su creciente popularidad internacional le garantizaban cierta inmunidad.

Sin embargo, su gran prueba de fuego le llegó en 1995, después de la caída del apartheid, cuando el presidente Nelson Mandela, que reconocía y admiraba el papel que desempeñaba en la sociedad sudafricana su amigo Desmond Tutu, le nombró presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Para aquel entonces, Tutu ya había obtenido el Premio Nobel de la Paz en 1985 y oficiaba como ministro de Ciudad del Cabo.

El 25 de octubre de 1998, Tutu presentaba las conclusiones de la comisión, recogidas en un informe de 3.500 páginas en el que acusaba al estado racista blanco de la mayoría de las atrocidades cometidas durante el apartheid, pero en el que también señalaba al movimiento de liberación negro de abusos y otras violaciones de los Derechos Humanos, apuntado al necesario procesamiento judicial, entre otros, de Winnie Mandela, exesposa del presidente. El informe provocó un terremoto en el seno del Congreso Nacional Africano y el propio vicepresidente Thabo Mbeki promovió una querella contra la comisión, calificando el informe de “erróneo” e “insensato”. Sin embargo, Mandela salió en defensa de su amigo y reconoció el “buen trabajo” hecho por la comisión, aceptando el informe en su integridad.

Desde su jubilación como arzobispo en 1996, Desmond Tutu ha llevado a cabo una enorme labor como líder global en defensa de los Derechos Humanos y denunciando las injusticias por todo el mundo en temas como la homosexualidad (ha comparado la homofobia con el nazismo), la lucha contra el SIDA, a favor del medio ambiente o denunciando los bombardeos indiscriminados de Israel en la franja de Gaza. Asimismo, es el presidente del Grupo de los Ancianos, del que forman parte, entre otros, Nelson Mandela, Graça Machel, Jimmy Carter o Peter Gabriel.

Frederik de Klerk
Sin él no puede entenderse la desaparición del apartheid. Fue el auténtico arquitecto que supo desmontar un complejo sistema legal y social que había imperado durante décadas en Sudáfrica. Llamado a ser enemigo implacable de Mandela y de los miembros del Congreso Nacional Africano, el curso de la historia y la propia sensibilidad y cintura política de De Klerk les convirtieron, finalmente, en colaboradores imprescindibles. Discutieron, discreparon y finalmente se respetaron. Ambos recogieron juntos el Premio Nobel de la Paz en 1994.

Frederik Willem de Klerk nació el 18 de marzo de 1936 en Johannesburgo en el seno de una tradicional familia blanca sudafricana muy vinculada a la política y al Partido Nacional que impuso el apartheid en este país. De hecho, tras realizar sus estudios universitarios de Klerk entró a formar parte del Parlamento en 1969 y apenas nueve años después entró a formar parte del Gobierno, primero con Vorster y luego con el primer ministro Pither Botha.  En 1989, de Klerk se convertía en presidente de su partido y meses después en presidente del país.

Pese a la persistencia de un régimen segregacionista, las cosas ya estaban empezando a cambiar en Sudáfrica, agobiada por la creciente presión internacional. Sin embargo, era necesaria la figura de un líder moderado y dialogante para que este proceso viviera un definitivo impulso. Y desde el primer momento, de Klerk jugó este papel defendiendo la necesidad de que Sudáfrica abandonara el racismo y construyera un futuro diferente. Una de sus primeras medidas fue legalizar el Congreso Nacional Africano y ordenar la liberación de Mandela, con quien había mantenido frecuentes contactos y negociaciones. No actuó solo, y no hay que olvidar que convocó un referéndum entre blancos en 1992 y estos votaron por el fin del apartheid, pero su empeño fue decisivo.

La Academia Sueca supo reconocer este esfuerzo y en 1993 le concedió el Premio Nobel de la Paz junto al propio Mandela y la foto de ambos con las manos unidas se convirtió en el mejor símbolo de que Sudáfrica avanzaba hacia un futuro diferente en el que la reconciliación entre negros y blancos era posible.

Tras las elecciones de 1994, las primeras libres y democráticas en Sudáfrica con participación de negros y blancos, en las que Mandela se alzó con la victoria, de Klerk pasó a formar parte del primer gobierno de Madiba como vicepresidente segundo hasta 1996, tiempo en el que contribuyó a estabilizar un país sumido en cambios vertiginosos. Un año después, en 1997, se retiraba de la política.

Desde entonces participa en conferencias y actos por todo el mundo, donde se reconoce el papel que jugó en la construcción de la nueva Sudáfrica. En una entrevista reciente dijo: “Cuando Mandela se vaya será el momento para que todos los sudafricanos alejen sus diferencias políticas, se cojan de las manos y rindan honores al que quizás sea el sudafricano más grande que ha existido jamás”.

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